Objetivos para la vida.
Durante la historia del hombre creo que mucho se ha hablado de este tema, desde mi punto de vista ligado de manera estrecha con aspectos filosóficos y existenciales. Saber lo que cada uno quiere lograr en la vida, lo que quiere obtener, lo que quiere dar, aportar, sembrar, etc. está íntimamente relacionado con la pregunta ¿Por qué existo? ¿Para qué estoy aquí? ¿Cuál es mi propósito? Y demás preguntas que generan un despertar consiente de la realidad.
Y es que yo no encuentro mucho sentido a desear algo sin antes saber para que lo quiero (otro malestar social que le está dando en la madre a la humanidad), porque cuando alguien llega a la convicción de tener esa parte del conocimiento integral del porque de su propia existencia, las acciones que puede realizar en una realidad temporal cobran una nueva dimensión.
Cualquiera que sea la respuesta a esta existencia (y lo hablo en el entendido de que para cada persona que lo encuentra conlleva una serie de reflexiones y experiencias distintas, y por lo tanto una visión diferente de la misma respuesta) le otorga a la persona la capacidad de alinear su hacer de manera congruente con su realidad, con su porque.
Y que conste que en ningún momento estoy hablando de respuestas verdaderas o falsas, puede una persona estar equivocada o no, pero aun así su convicción de encontrar una respuesta real le da una nueva dimensión a sus decisiones.
En esas decisiones se encuentran siempre los objetivos para la vida, las metas, los sueños, ese movimiento en potencia que busca la realización de los deseos de un espíritu despierto.
Mucha es la diferencia que hace una persona que va por la vida sabiendo lo que quiere, marcando sus actos de una convicción profunda y de compromiso consigo mismo y con su entorno.

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