Montesquieu, en su obra principal, El espíritu de las leyes, hacía mención a que cierto tipo de organización política tenía una correspondencia con un valor predominante en la sociedad, en torno a lo cual giraban sus dinámicas. La monarquía estaba relacionada con el honor, así como el despotismo y la república con sus propios valores.
Para Montesquieu el honor va de la mano con los prejuicios de clase, y el significado que confiere al término va muy de la mano con la exigencia de distinciones y privilegios, de creer que alguien es superior por su condición o su “cuna”. De igual forma la república, sea democrática o aristocrática está relacionada con valores como el amor a la patria y la igualdad…
El punto es detenernos un momento a pensar sobre el tópico del honor. No en el sentido en que Montesquieu lo plantea, como algo que si bien da cohesión, necesariamente tiene que tener una visión en donde las divisiones irracionales de clase (habla también de los títulos que no son otra cosa que marcas no necesariamente reales de una supuesta superiorioridad). Estos prejuicios atentan directa o indirectamente contra la verdadera altura del espíritu: la nobleza como atributo que engloba las capacidades y la virtud (que se ha construido con el desarrollo mismo de la voluntad y la fidelidad en el ejercicio del bien), no como especie de categoría social.
Considero que el honor bien entendido es el valor que conlleva la fidelidad en todas sus dimensiones. Dimensiones que son (por enumerarlas rápidamente, a modo de explicación “fast track”):
[Fideldiad] A la patria, a la familia, a la comunidad que se crea durante la vida;de forma especialal mantenimiento de las promesas. Las promesas que se hacen a los demás, las “promesas” que sin ser explícitas, están determinadas por la vivencia dentro de cierto estado de vida -o sea dónde estás, lo que haces y lo que eres capaz de hacer, por ejemplo el ejercicio de cierta posición o cargo, sea cual sea el nivel de este. El honor implica responder como se deba responder en cada caso (entiéndase, por ejemplo, cuando me refiero a estos niveles…los distintos niveles de responsabilidad dentro de la familia, un liderazgo informal pero real, los diferentes liderazgos y jefaturas formales ya a escalas sociales mayores como puestos públicos, etc.).
No que el honor implique por definición actuar correctamente, sino actuar conforme a lo que se cree que es correcto, concediendo invariablemente mayor importancia a ello que a las dificultades o consecuencias negativas que ello conlleve. Entendiendo por consecuencias negativas las cosas desagradables, dolorosas o simplemente no deseadas que no impliquen un quebrantamiento de la moral por si mismas. Actuar conforme al honor no es por tanto, en este entendido, hacer las cosas bien, sino hacer siempre las cosas como se crea que deben de hacerse, poniendo en ello el mayor empeño posible. No el necesario para el éxito sólamente, sino el mayor posible.
Resumo por tanto acto honorable como “un servicio desinteresado a lo que es considerado como el bien, en donde el esfuerzo es el máximo posible, anteponiendo el mismo servicio a cualquier acto o consecuencia que hacer dicho esfuerzo implique, siempre que no sean estos intrínsecamente malos. El esfuerzo puede conllevar acciones activas o pasivas, y para ser considerado”. El ser un hombre o mujer honorable conllevaría por tanto, hacer el máximo esfuerzo posible por actuar siempre honorablemente.
Considero todo esto un punto importante de reflexión, por que pienso que, primero, para que una persona pueda vivir plenamente, tiene que ser realmente libre. Trataré en otra ocasión la conexión del honor con la libertad. Y en segundo lugar, más pertinente hoy (jeje), basta citar dos frases:
”El mundo será como sean los hombres”
“Por mi raza hablará el espíritu”
